A veces

A veces escribo con la esperanza de que lo leas, después de todo, tu fuiste el promotor de este libro del destino. Te recuerdo con cariño así como todos los nervios de páginas atrás.

Cada día que pasa encuentro un nuevo ser vivo con el que interactuar en esta fría ciudad, a primera vista podría parecer un intercambio de información, de experiencias y emociones, sin embargo, el paso del tiempo me está enseñando que con cada uno de ellos, un pedacito de mi corazón se va abrasando y quedando herido. Resulta ser como un sube y baja que cada vez desciende de nivel.

Siento que desde que te fuiste estoy incompleta, no dejo de buscar un sustituto a esa parte de mis raíces, y me temo que ahí está la respuesta, que aunque una fracción de las raíces, hojas, tallos o frutos se aleje, mi esencia sigue ahí, mi cuerpo sigue aquí conmigo.

La razón de esta hoja es para ya no perseguir un injerto, simplemente hay que reparar esa parte con nutrientes propios para que nadie la pueda arrebatar otra vez.

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¿Qué es la vida?

Siempre estuve persiguiéndola, intentando alcanzar una verdad. Creaba a partir de su patrón, destruía lo propio porque causaba impresión, lo que no le gustaba lo eliminaba o lo escondía, se lo ocultaba. Tenía que agradarle, encajar en su forma de pensar, de actuar, de sentir; mientras olvidaba por qué se había enamorado de mí.  Esa verdad que no existía y que me hizo formar parte de la nada. Finalmente, me convertí en un cuerpo vacío, sin ideas propias, dejando de escribir, de hablar y de sentir. Y desgraciadamente todavía me siento así.

Aún no recuerdo quién era, no estoy segura de poder recuperarla, quizás la perdí para siempre. Porque nuestro enlace había sido unilateral. La balanza tendió a su mitad en el momento en el que renegué de mi propio ser.

No te olvides mujer, no dejes que se te borre la memoria, ni tus ideas, ni tus ilusiones, ni tu autosuficiencia. Eres un ser humano creado para autoabastecerte y sobrevivir sola. Puedes echarle la culpa a quien sea, a él como individuo, a él como sociedad, o tal vez a la comodidad, a la satisfacción que se recibe cuando te daba su aprobación.

Olvida la tobillera, la copia del lunar en la mano, los ojos tristes, la sonrisa malvada… Ya nada de eso le pertenece a tu cabeza. Ahora eres un lienzo en blanco y por eso da miedo y asusta, porque representa la nada. Un vacío sin aparente final, aprovéchalo y escríbelo, ráyalo, malgástalo, estropéalo, dibújalo o tíralo, pero jamás vuelvas a deshacer o borrar lo que con él hayas formado. Eres tú y nadie tiene derecho a cambiarte. Ahora está lejos, ya no puede tocarte, ya no puede dañarte, ya no puede bloquearte.

Sé que las carnes cuelgan, el corazón pesa y el cerebro desconfía. No temas. Creo que en algún rincón  queda algo de ilusión. Algún hilo de otro color para volver a empezar, para volver a creer y a crear. El hilo resultó no ser lineal, quién sabe si siempre dio la vuelta y el otro extremo acababa en ti; o en algún maldito momento se cortó, se desgastó por el viento o la tempestad, la cuestión es que no hay marcha atrás y toca avanzar. El ser al que estaba enganchado se esfumó y te dejó de mostrar el camino. Entonces, gira, date la vuelta y empieza tu propio camino. Cada minuto, cada mañana que pienses en esa guía […].

Hoy por hoy, aún no soy capaz de cambiar de día sin recordarte con dolor, en resumidas cuentas soy incapaz de terminar, y sin embargo, me duermo con la esperanza de que todo lo que empieza tiene un final.

¿De quién es la vida?

El simbionte

Cuando Clero pensaba que ya nada en este mundo podría sorprenderle, conoció a un pequeño ser que se deslizaba entre sus ramas con mucho entusiasmo e ilusión. Era un bichito redondito de cabeza mullida y larga sonrisa.

Clero extendió sus cansadas ramas llenas de contaminación y con cierto recelo preguntó: -“¿Hace cuánto que no vienes por aquí? Te he estado esperando”. Aquella bolita llena de misterios, saltó hacia su núcleo y lo besó. El bichito consiguió que se sacudiese todo ese mugriento polvo de ideas invernales y brillara como cuando estaba en casa, en su bosque, rodeado de abundante tierra y agua pura.

Ya nada sería lo mismo, cada plan que urdía en su cabecita loca, encendía la mente de este pobre y avejentado ser. Todas esas preguntas inocentes, volvían a conectar neuronas que creía haber perdido, reencontraba en ellas las respuestas más simples para satisfacer esa hermosa curiosidad que le caracterizaba.

El día que dejemos de maravillarnos con lo que nos ofrece nuestra querida Tierra, ese día dejaremos de existir.

La enseñanza

¿Qué enseñar?

Es mejor enseñar a pensar y a buscar la información, juzgar, elegir pero nunca viviríamos con certeza de nada. Aun así es delicado afirmar meras teorías en los libros escolares. Quizás solo los que hayan sido comprobados bajo el método científico, si es esa la rama que queremos seguir, ¿y si no?
Es tan peligroso afirmar como dudar ante esos lienzos en blanco que son las pequeñas mentes estudiantiles.
Quizás debería haber una clase independiente para cuestionar todo el temario que se da, sin embargo, esto llevaría a confusión y a un retraso en la anhelada e imparable, por desgracia, carrera del saber.

La gente parece creer que la incertidumbre siempre exige encogerse de hombros. De hecho, la certeza es una cuestión de grado. Allí donde hay menos, no siempre es preciso suspender el juicio. Con frecuencia basta con permanecer abierto al improbable pero posible descubrimiento de que estamos equivocados. Pensar bien requiere no otorgar excesiva importancia a la incertidumbre inherente a nuestras creencias ni instalarse en una falsa sensación de seguridad.

Julian Baggini

Globalizadamente

La globalización a influido mucho en nuestros círculos de vida cotidiana, a pesar de ello, aún existe discriminación en los rincones a los que no ha llegado este fenómeno.

Su concepto es, sencillamente, abrirnos a cualquier pensamiento o acto externo diferente al nuestro, manteniendo la integridad y el respeto entre los aludidos. Para ello es necesario globalizar nuestra mente, recomendado como método de supervivencia en este hábitat cementoso.